martes, 11 de marzo de 2014

UN AJUSTE RECESIVO “EXITOSO”: ASÍ VA TERMINANDO EL MODELO K

                                                                                                    por Gabriel Rubinstein

Entre el “caos financiero” y la “recesión controlada”, el Gobierno eligió (sensatamente) la segunda opción.
Activamente, el Gobierno decidió aspirar vía Lebac, la creación monetaria “excedente”  obligada por el abultado déficit fiscal. Para ello, tuvo que subir las tasas de interés y crear la contracción crediticia real (crédito deflactado por inflación) más aguda desde 2003 (más que la ocurrida por la crisis internacional de 2008).
Activamente, el Gobierno procura que los salarios crezcan muy por debajo que la inflación, y ya llevamos desde  julio de 2013, una caída del salario real de más del 10%.
Activamente, el gobierno ha venido frenando importaciones de todo tipo, más allá del  efecto natural por aumento de precios por efecto de la devaluación. Y no sólo ha restringido la importación de bienes de consumo sino de un variado número de insumos, sea en forma directa (no aprobación de DJAI), o indirecta (obligando a quien quiera importar que logre financiamiento externo).    
Todo esto, la caída del crédito y su encarecimiento, la caída salarial, las restricciones a las importaciones, se suman al efecto contractivo “natural” de las devaluaciones, que vía encarecimiento de las bienes  de consumo (traslado a precios de las devaluaciones), busca  se genere espacio para más ahorro interno, y consiguientemente, más saldos exportables para mejorar la balanza comercial y la posición de reservas del BCRA.
Asimismo, el Gobierno está buscando recomponer su inserción en el mundo. Los resultados aún son bien modestos. La baja credibilidad del gobierno, hace que incluso después de la devaluación, “no lluevan” los dólares. Con lo cual el ajuste es más difícil de llevar adelante.
Y tal vez lo más complicado, es que lo más importante, el ajuste fiscal,  brilla por su ausencia.
De modo que estamos en proceso de “ajuste” (diríamos, un ajuste de balanza de pagos, a la manera “ortodoxa primitiva”), pero la pata más importante del  ajuste necesario, la fiscal, no se encara. Siendo que esta vez, la devaluación no ayuda a mejorar la situación fiscal, porque los egresos por subsidios (importación de combustibles) más intereses en dólares, supera a los efectos positivos de ingresos derivados de la devaluación.
Así y todo, el ajuste está siendo “exitoso”.
Siempre que entendamos por “exitoso”, el haber logrado frenar un proceso que parecía llevarnos  a una aguda crisis financiera y económica.  
Una economía en mal estado, estancada o directamente (como ahora) en recesión; con alta inflación (el año terminaría probablemente cerca del 40%, aunque desde marzo o abril, tendiendo más hacia el 30% anual), a la espera que venga un nuevo Gobierno que re-encauce las cosas.

Así va terminando sus días, lentamente,  el modelo económico K.

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