Entre el “caos financiero” y la “recesión controlada”, el
Gobierno eligió (sensatamente) la segunda opción.
Activamente, el Gobierno decidió aspirar vía Lebac, la
creación monetaria “excedente” obligada
por el abultado déficit fiscal. Para ello, tuvo que subir las tasas de interés
y crear la contracción crediticia real (crédito deflactado por inflación) más
aguda desde 2003 (más que la ocurrida por la crisis internacional de 2008).
Activamente, el Gobierno procura que los salarios crezcan
muy por debajo que la inflación, y ya llevamos desde julio de 2013, una caída del salario real de
más del 10%.
Activamente, el gobierno ha venido frenando importaciones de
todo tipo, más allá del efecto natural
por aumento de precios por efecto de la devaluación. Y no sólo ha restringido
la importación de bienes de consumo sino de un variado número de insumos, sea
en forma directa (no aprobación de DJAI), o indirecta (obligando a quien quiera
importar que logre financiamiento externo).
Todo esto, la caída del crédito y su encarecimiento, la
caída salarial, las restricciones a las importaciones, se suman al efecto
contractivo “natural” de las devaluaciones, que vía encarecimiento de las
bienes de consumo (traslado a precios de
las devaluaciones), busca se genere
espacio para más ahorro interno, y consiguientemente, más saldos exportables
para mejorar la balanza comercial y la posición de reservas del BCRA.
Asimismo, el Gobierno está buscando recomponer su inserción
en el mundo. Los resultados aún son bien modestos. La baja credibilidad del
gobierno, hace que incluso después de la devaluación, “no lluevan” los dólares.
Con lo cual el ajuste es más difícil de llevar adelante.
Y tal vez lo más complicado, es que lo más importante, el
ajuste fiscal, brilla por su ausencia.
De modo que estamos en proceso de “ajuste” (diríamos, un
ajuste de balanza de pagos, a la manera “ortodoxa primitiva”), pero la pata más
importante del ajuste necesario, la
fiscal, no se encara. Siendo que esta vez, la devaluación no ayuda a mejorar la
situación fiscal, porque los egresos por subsidios (importación de
combustibles) más intereses en dólares, supera a los efectos positivos de
ingresos derivados de la devaluación.
Así y todo, el ajuste está siendo “exitoso”.
Siempre que entendamos por “exitoso”, el haber logrado
frenar un proceso que parecía llevarnos
a una aguda crisis financiera y económica.
Una economía en mal estado, estancada o directamente (como
ahora) en recesión; con alta inflación (el año terminaría probablemente cerca
del 40%, aunque desde marzo o abril, tendiendo más hacia el 30% anual), a la espera
que venga un nuevo Gobierno que re-encauce las cosas.
Así va terminando sus días, lentamente, el modelo económico K.
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