lunes, 17 de marzo de 2014

La caída del salario real tiende a ser permanente

                                         
                                                                                           Por Gabriel Rubinstein

El Jefe de Gabinete, ante cifras publicadas de caídas del salario real de más del 10% en los últimos meses, descalificó a quien publicó la estimación (en este caso Miguel Bein), aduciendo que hay que ver la “película” y no la “foto”, siendo que la foto reflejaba “precios nuevos vs salarios viejos”, y la película mostraría entonces recuperación del salario.

Curiosamente, Miguel Bein  dijo más o menos lo mismo, con lo cual, tampoco  se entiende mucho la crítica.
Pero, como vendrá realmente la película?

Si el gobierno tiene bastante éxito, las paritarias, en promedio, reflejarían aumentos del orden del 28%, para un período promedio abril 2014-abril 2015.

Las tendencias inflacionarias, más allá de todo lo que se haga con los controles  de precios, serían, en un buen escenario, del 25%. Aproximadamente, la presión inflacionaria fiscal tiende al 50%, y la política monetaria contractiva, permitiría que los desequilibrios del mercado monetario (donde se define la presión inflacionaria), resulten consistentes con una inflación anual del orden del 25% (digamos, desde abril 2014 a abril 2015).

Si esto es así, para diciembre de 2014, podemos estimar que la caída del salario real, durante 2014 habrá sido del 8,2%, y si tomamos julio de 2013, la caída llegaría al 13,2%.

Vale decir, que la película más probable, será la de una caída salarial real importante, la mayor y más extendida de toda la era K.

Sería entonces mejor que Capitanich explicara porqué es necesario ahora que el modelo K deba apoyarse en una caída del salario real, como uno de los elemento necesarios  para evitar los escenarios de agudas crisis financieras (como se insinuó con fuerza en enero), e intentar llegar “dignamente” a fin de 2015.

Dignamente, significa, “sin estallidos financieros”, aceptando eso sí, una economía estancada (o en recesión como ahora), con muy alta inflación, sólo a la espera de que un nuevo gobierno, revierta los desaguisados económicos del gobierno de Cristina.


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