Por Gabriel Rubinstein
El “julepe” que se pegó Cristina en enero,
alumbró lo que podríamos denominar Plan Digno Final (PDF).
Este PDF (no confundir con el de Acrobat
Reader), consistió básicamente en lo siguiente:
1)
Volver a darle existencia a la
Política Monetaria (que había desaparecido de escena por años, especial pero no
únicamente bajo la presidencia de Marcó del Pont), y por ende, relevancia al
Banco Central
2)
Habiendo ganado poder el BCRA puso
en marcha un esquema de política contractiva, aminorando la presión
inflacionaria de origen fiscal (del orden del 40%), de modo que la “macro” sea
consistente con una inflación (desde abril en adelante, pasados ya los efectos
más importantes de las devaluaciones anteriores) del orden del 25% anual
3)
La política contractiva del BCRA
fue acompañada con otro conjunto de medidas, algunas para “gatillar” la
estabilidad cambiaria y la baja de las brechas cambiarias (regulación para que
los bancos vendan dólares); otras para cuidar más las reservas (renovadas
restricciones a las importaciones, aumentos de impuestos a autos, etc); y otras para frenar de facto la escalada
inflacionaria (presionar intensamente para subas del salario por debajo de la
inflación, presionar a empresas para mitigar aumentos de precios vía el
programa de “Precios Cuidados” y monumentales pedidos de información, etc).
El Plan empezó bien, es decir, logró cumplir
con el objetivo de frenar lo que asomaba como una corrida imparable[i], y
varias variables claves se estabilizaron (dólar a $8,00, brechas bajando hacia
zonas del 30% y menos, tasas de interés un poco por encima de la devaluación
esperada, inflación tendiendo hacia el 25% anual).
Pero obviamente, un plan con componentes
claramente recesivas dio lugar justamente a esto: recesión.
Las componentes recesivas las podemos resumir
básicamente en 3:
a)
La restricción monetaria,
produciendo una suba del Crédito muy por debajo que la tasa de inflación. Es
como si en condiciones inflación cero, las empresas y la gente hubieran sido
obligadas a cancelar aproximadamente el 10% de sus créditos
b)
La restricción salarial, obligando
al grueso de la gente a consumir aproximadamente un 10% menos que antes
c)
Las restricciones a las
importaciones, generando numerosos cuellos de botella y sobre costos a muchas
empresas, haciendo que bajen sus planes de producción
Y bueno, ahora le toca al gobierno “bancar”
las consecuencias inevitables de todo esto: baja de las horas trabajadas
(despidos, suspensiones, recorte de horas extras, etc), y el consiguiente
malestar social y político.
Surgen entonces las preguntas:
Será muy profunda la recesión? Será muy
dramático el descontento? Se puede llegar así hasta el cambio de gobierno en
diciembre de 2015?
Y mis respuestas son:
1)
La recesión no será muy profunda,
entre otras cosas, porque gran parte de los empresarios e inversores se han
convencido de que en enero de 2016 comienza un gobierno mucho mejor que éste,
mucho más “amigable” con la propiedad privada y la dinámica capitalista, que será
capaz de poner nuevamente en marcha al país, tras 4 años de virtual
estancamiento.
2)
La resaca de descontento será
importante, y esto puede generar abruptos cambios de timón en Cristina, que
gobierna como una Reina de la Edad Media, y cuyos sustos impredecibles pueden
dar lugar a “banquinazos” importantes. El riesgo existe, pero entiendo que lo
más probable es que Cristina “se la banque”, y no eche por la borda lo logrado,
poniendo en riesgo todo el PDF (recuerden: Plan de Digno Final). Es decir, no
correr el riesgo de volver a enero de 2014.
3)
Con política monetaria contractiva
(es decir, sin casi ningún ajuste fiscal), con algún financiamiento externo
nuevo (poco), y contando con el beneficio de las decisiones inherentes al
cambio de ciclo (empresarios que echarían gente pero que no lo harán pensando
que en 2016 comienza una época buena; empresas que para prepararse para esa
anhelada bonanza necesitan empezar a invertir ya; inversores que consideran que
los precios de acciones y bonos están atrasados y traen algo de cash ahora,
etc), yo entiendo que habría buenas chances de llegar “dignamente” a diciembre
de 2015.
Consideremos que significa dignamente:
economía estancada, con muy alta inflación, con un enorme ajuste fiscal
pendiente, con unificación cambiaria pendiente (fin del cepo), pero sin
estallidos financieros.
Muy poco para el “relato” épico de la “década
ganada”. Pero bastante para un Gobierno que ha demostrado ser marcadamente
corrupto, y marcadamente inepto.
[i] Yo estimo que hubo riesgos bastante significativos de un brote de
características hiperinflacionarias
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